El Archivo de Sociología Crítica incorpora a sus fondos los siguientes materiales de trabajo de Jesús Ibáñez, correspondientes a los seminarios de investigación social que impartió en el Centro de Estudios e Investigación, Sociedad Anónima (CEISA) y en la Escuela Crítica de Ciencias Sociales de Madrid entre 1967 y 1969. Se trata de un conjunto de documentos de carácter fundamentalmente didáctico: un programa de seminario, un esquema comparativo entre sociología analítica y sociología dialéctica y dos bibliografías de trabajo dedicadas, respectivamente, a la metodología dialéctica de la investigación social y a los usos de la dialéctica.
Estos documentos, más que ofrecer una teoría acabada de la dialéctica, nos permiten acercarnos a la propuesta metodológica de Ibáñez y acentúan la exigencia de reflexividad sobre la propia práctica sociológica. La crítica al empirismo abstracto, a este respecto, es central y se articula en torno a la absolutización de los presupuestos metodológicos, la separación o distanciamiento entre sujeto y objeto, la ruptura entre teoría y praxis o la tendencia a tomar la realidad existente como algo dado y positivo.
Para Ibáñez, el problema no reside en formas concretas de hacer sociología, ni en determinadas técnicas de investigación, sino en que la propia disciplina reproduce la misma sociedad que pretende conocer. El documento llega a caracterizar el empirismo abstracto como una «antipraxis», precisamente porque bloquea la posibilidad de pensar y conocer el cambio. En esta crítica aparecen cuestiones como la atomización de los sujetos, la transformación de los fenómenos sociales en unidades clasificatorias y la conversión de la teoría en un instrumento de información utilizable por quienes ya ocupan posiciones de poder (reservándose el azar, atribuyendo la norma).
Así, el autor pone sobre la mesa una serie de recomendaciones hacia una sociología dialéctica: el investigador debe desfetichizar sus propios instrumentos –los métodos y las técnicas no son procedimientos neutrales situados por encima de la realidad social; son también productos sociales que pueden expresar determinadas funciones dentro del sistema–, la investigación debe pensarse como un proceso abierto y dinámico en el que diseño y ejecución se encuentren estrechamente articulados y en el que los conceptos puedan ser revisados, elaborados y modificados a lo largo del propio proceso de investigación.
Decía Ibáñez en El regreso del sujeto que «investigar viene de vestigo (seguir las huellas que la presa deja en el camino)». Desde la sociología crítica —reflexiva, dialéctica, o sociología de la sociología—, investigar supone reconocer que no solo seguimos las huellas de aquello que buscamos conocer, sino que, por el camino, también dejamos las nuestras (propias). Estas huellas forman parte del proceso de investigación y, por tanto, deben ser observadas y reflexionadas. Ibáñez incidirá sobre esta idea a lo largo de toda su obra.
