Marxismo y perestroika: Revista META de filosofía UCM

En abril de 1990, con el Muro de Berlín recién derribado y la Unión Soviética tambaleándose bajo la perestroika, la revista META, una publicación de filosofía editada por la Universidad Complutense de Madrid, dedicó su quinto número a analizar el impacto teórico y político de aquellos acontecimientos. En un formato de debate, la publicación reúne las respuestas de un elenco de intelectuales diversos: Gustavo Bueno, Antonio Elorza, Montserrat Galcerán, Antonio García Santesmases, Jesús Ibáñez, el académico soviético Serguei Kara-Murza y Ludolfo Paramio. El objetivo era ir más allá del análisis periodístico para abordar, desde la filosofía política, dos preguntas fundamentales: qué suponía la Perestroika para el marxismo y cómo podía este interpretar unos hechos que parecían desbordarlo.

La contribución de Jesús Ibáñez en aquel número (pág. 115-122) resulta especialmente reveladora, además de constituir su última aproximación sostenida al marxismo públicamente antes de su fallecimiento (una curiosidad de archivo: consta en algunos registros que Ibáñez trabajó en un texto inédito sobre marxismo en 1992, pero el manuscrito no ha sido localizado. Ignoramos si llegó a terminarlo o si su contenido suponía un giro respecto a lo que defendía en 1990. El periódico El Mundo rechazará este texto titulado «Marx hablará esta noche»). Para Ibáñez, el marxismo era ante todo una metodología para el acceso a lo colectivo, del mismo modo que el psicoanálisis lo era para el acceso a lo individual. Y esta metodología, lejos del dogmatismo, debía ejercerse como una crítica radical, siguiendo la máxima de Althusser de que Marx fue un «hijo natural» que rompió con la ley del padre, por lo que la única fidelidad posible sería la infidelidad creadora: no repetir su doctrina, sino usar su caja de herramientas para desmontar cualquier poder establecido, incluidos los regímenes que decían inspirarse en él.

En ese contexto de fin de siglo, Ibáñez pretendía liquidar los viejos mitos de la izquierda. Rechazaba tanto el estalinismo como la socialdemocracia, pero su diana principal era el liberalismo que emergía triunfante. Y lo hacía con una provocación: «no hay más libertad que en el mercado». Sin embargo, matizaba que el mercado era triple (de objetos, de sujetos y de mensajes) y que el error del capitalismo no era defender el mercado, sino reducirlo a su dimensión económica y convertirlo en un espacio oligopolizado donde la oferta está monopolizada y la demanda manipulada. Por eso, paradójicamente, un socialismo autopoiético —programado desde dentro—, tendría más capacidad de generar libertad que el capitalismo osificado.

Para Jesús Ibáñez la perestroika no fue una traición, sino una corrección histórica; el fruto de una vía errónea que acabó generando condiciones revolucionarias. Compara a Gorbachov con Adolfo Suárez: no fue el motor del cambio, sino «el conductor del motor que por causas objetivas históricas y sociales funcionaba solo, y supo dejarse arrastrar». Para él, el derrumbe de la nomenklatura no era un fracaso del marxismo, sino el fin de un «contramito» —la dictadura tecnoburocrática— que durante décadas había inhibido las posibilidades de la izquierda radical. Con su desaparición, decía Ibáñez, «se despeja el horizonte» y la tarea ya no es repetir un programa, sino crear un futuro incierto desde los movimientos sociales.